Guía para pymes: cómo lograr crédito sin morir en el intento

La financiación para la actividad de pymes y autónomos se ha convertido en elemento determinante para poder pensar con realismo en la recuperación de la economía española. Con un tejido productivo que en un 99% se concentra en micropymes y pequeñas y medianas empresas, la ausencia de crédito ha dejado moribunda la actividad económica y ha agigantado la profundidad de la crisis. El movimiento ha sido en doble dirección: bancos que no prestan dinero porque sus problemas de liquidez y solvencia no se lo permiten y pymes y autónomos que se resignan a no pedirlo a la vista de que la precariedad de su situación financiera no pasa el exigente filtro de las entidades financieras.

La necesidad de reactivar el crédito es unánime entre los agentes económicos y las instituciones. Y, una vez culminada la capitalización de la banca española con ayudas públicas por más de 40.000 millones de euros, se hace urgente que la maquinaria vuelva a ponerse en marcha. Tanto desde la banca como desde el ámbito de las pymes se aprecia un cierto punto de inflexión, en el que la demanda empieza a salir del letargo y en el que la banca vuelve muy tímidamente a abrir el grifo del crédito, aunqueaún de forma insuficiente como para sostener la recuperación de una economía con una tasa de paro del 27% y para la que este año el Gobierno aún prevé una contracción del 1,4%. El entorno da ligeras muestras de cambio pero para aprovechar los resquicios de financiación que se entreabren, pymes y autónomos deben tener muy en cuenta cómo plantear su solicitud de crédito y qué obstáculos deberán afrontar.

Definición del plan de negocio

Emprender no es tarea fácil, a pesar de que los discursos más optimistas apunten a las crisis como épocas de oportunidades. “Se está motivando mucho para emprender, pero un estudio de mercado y un buen plan de negocio son requisitos esenciales para lograr financiación”, explica Francisco de la Torre, director de consultoría estratégica y financiación de Pymec, patronal que representa las micro, pequeñas y medianas empresas y los autónomos de Cataluña.

El pequeño empresario debe plantearse en primer lugar si su negocio es necesario en la zona donde prevé montarlo, si hay mercado para ello. Y, a continuación debe desarrollar un “argumento sólido y contrastable” en su defensa, añade De la Torre. “Llegar con ambigüedades en el planteamiento es garantía para tener un no de entrada por parte del banco”, advierte Celia Ferrero, vicepresidenta de la Federación Nacional de Organizaciones de Trabajadores Autónomos (ATA).

Tanto si se trata de una pyme que busca circulante para mantener viva su actividad, crédito para adquirir maquinaria o iniciar un nuevo proyecto; de un autónomo conocedor del negocio que necesita financiación o de un emprendedor que se embarca por primera vez en el mundo de los negocios, el banco tendrá siempre la misma exigencia. Hay que definir al máximo las características del negocio y justificar con detalle la necesidad de financiación. “El plan de inversión debe especificar para qué se pide el dinero, si es para comprar una máquina o para disponer de tesorería con la que pagar sueldos. Ha de detallar de dónde saldrá el dinero para hacer frente al crédito, con previsiones coherentes y creíbles”, apunta Carlos Romero, director de Relaciones Institucionales y Desarrollo de Negocio de Avalmadrid.

La gestión y la experiencia

El banco no querrá escuchar castillos en el aire, aunque en el actual momento de crisis resulte difícil construir previsiones certeras. Y para combatir el escepticismo del empleado de banca, el pequeño empresario debe hacer valer su experiencia y el rigor en la gestión de su negocio. “Ya se trate de una pequeña empresa o de una multinacional, la banca presta el dinero a los gestores”, advierten en Pymec. Y no tendrá por tanto las mismas posibilidades quien, por ejemplo, lleve gestionando una peluquería desde hace décadas que quien se plantea abrir por primera vez un establecimiento de este tipo, con el argumento de una larga experiencia laboral que, en cambio, no esté acompañada también de experiencia en la gestión.

La banca defiende que sí concede financiación a proyectos viables, y ahí es donde el aspirante a crédito debe poner toda la carne en el asador. “Hay poco margen y es por eso que hay que acudir al banco muy preparado, pidiendo lo correcto y lo que se pueda justificar”, apuntan desde la ATA.

Cómo negociar las condiciones

Una vez definidas de forma sólida las necesidades financieras del negocio, el consejo que lanzan quienes acompañan en el día a quienes acompañan a pymes y autónomos en su búsqueda de financiación es queno negocien la cuantía que reclaman sino las condiciones, es decir, tipo de interés, plazos, avales… “Hay que acotar mucho la cifra de dinero que se necesita, que ya va a estar argumentada en el proyecto. A partir de ahí, no se deben negociar las cantidades sino las condiciones. Si se necesita 100, no basta con 50”, defiende Francisco de la Torre.

El filtro bancario es extremadamente exigente. Hay que pasar el examen de demostrar ante el banco la capacidad para gestionar dinero –lo que requiere una trayectoria previa, obstáculo por tanto para los emprendedores– y de concretar con argumentos sólidos la cantidad y la finalidad del crédito. “Pero si la prueba se supera con notable alto, las posibilidades de obtener financiación son muy altas. Se abre, eso sí, un proceso de negociación difícil, en el que no hay que aceptar las condiciones a la primera. No hay que olvidar que la banca es un proveedor más, aunque tampoco va a aceptar cosas que no entiende”, advierten en Pymec.

La cuantía media que se solicita ahora en Madrid para poner en marcha un negocio oscila entre 60.000 y 90.000 euros, lo mínimo para una franquicia o un comercio, las dos fórmulas más habituales de creación de nuevas empresas, explican en Avalmadrid.

La realidad bancaria y el factor humano

El planteamiento ideal de cómo debe dirigirse un pequeño empresario o emprendedor a un banco está claro. Sin embargo, la realidad de las entidades financieras es todavía mucho más adversa y el grifo del crédito solo ha comenzado a entreabrise.

No hay estadísticas específicas sobre financiación a pymes y la más aproximada –la que recoge el Banco de España sobre nuevas operaciones a sociedades no financieras por una cuantía inferior a un millón de euros–, muestra un ligero avance mensual en abril, del 5,2%, hasta los 11.809 millones. La cifra, aun así, está lejos de los 12.900 millones de euros de abril del pasado año y solo entre 2010 y 2012, esta partida ha sufrido un derrumbe del 30%.

El último barómetro de la asociación de autónomos ATA, del mes de enero, muestra que el 51,8% de los autónomos que se decidieron por acudir al banco para solicitar liquidez recibieron un no. Al 20,2% sí se le concedió, pero por un importe inferior al solicitado y el 26,6%, la obtuvo sin cortapisas. En Pymec apuntan que menos del 30% de las pymes está solicitando crédito, y entre quienes se deciden, el 65% tiene éxito en su solicitud. Si bien la puesta en marcha definitiva de un proyecto requiere no solo de financiación bancaria sino también de los recursos y el capital con el que cuente el empresario. “La situación está cambiando y va a cambiar más”, advierten en Pymec, donde recuerdan además la importancia del factor humano en un momento de ajustes de plantilla y desmotivación entre los empleados bancarios. Así, dar con un empleado de oficina bancaria entusiasta no es una cuestión secundaria.

Los avales

La obtención de un aval no es garantía infalible de lograr el crédito del banco, pero bien puede ser el elemento definitivo para conseguirlo. Pymes y autónomos pueden recurrir a las sociedades de garantía recíproca, entidades que sin ser bancos –no captan depósitos ni prestan dinero– actúan como garantes de financiación, asumiendo los riesgos de crédito. Se convierten en intermediarios entre el pequeño empresario y la entidad financiera, que se libera por tanto de tener que prever provisiones y a la que, en cierto modo, le dan la tarea hecha.

Estas sociedades hacen el filtro previo y estudian en primer término con detalle la viabilidad y los riesgos de un proyecto antes de conceder su aval. “Nuestra garantía le vale a la banca, que acepta dar el crédito. El problema surge en el precio”, señalan en Avalmadrid, que en 2012 avaló 600 proyectos de emprendedores por 30 millones de euros. Esta sociedad mantiene convenios con la banca para que apliquen un tipo de interés de euríbor más tres puntos, un precio que está en permanente tira y afloja por la presión de las entidades. Sin aval, el coste se puede encarecer en otros 2,5 puntos, añaden en Avalmadrid.

Ico y ayudas públicas

El Instituto de Crédito Oficial ha sido uno de los apoyos para la financiación de las pymes en los momentos más crudos de la crisis, aunque con un efecto muy limitado. El ICO presta el dinero a la banca pero son las entidades las que asumen el riesgo de impago y, en consecuencia, aplican sus criterios de concesión. En 2012 se activó una línea de financiación para pymes de 22.000 millones de euros de los que, sin embargo, apenas se utilizaron 11.500 millones. La cuantía para 2013 es la misma y a cierre de mayo ya se han empleado 3.390 millones.

Entre las iniciativas públicas, aunque con una capacidad de actuación insuficiente, destaca Enisa, Empresa Nacional de Innovación, dependiente del Ministerio de Industria, que en 2012 concedió 685 créditos por 105 millones de euros. Y para que el crédito vuelva a fluir se hace necesaria la reactivación de la financiación bancaria, señal de que lo peor de la crisis habrá quedado atrás.